Disciplina en la Nación en un momento de “ingobernabilidad”
¿Qué tan a diario se escucha en los medios, sobre todo los opositores, sobre el problema de “ingobernabilidad” que sufre nuestro Estado? ¿Qué tan frecuente se escuchan las réplicas del oficialismo en contra de las “trabas” que le pone la oposición?
Hay un simple hecho que hay que reconocer, el de que siempre, y en muchas definiciones, la política va a consistir en la lucha por el poder entre, al menos, dos “cuasi” polos (ya que no son necesariamente opuestos).
Pero esto no significa que ante toda iniciativa del oficialismo hay que avanzar en contra de esta y hacer todo lo posible con los medios con que se dispone para detenerla. Ni mucho menos significa que el gobierno se salte los límites que tiene delimitados por sus atribuciones.
Con estas palabras se quiere introducir una palabra que realmente se nota que le falta a los argentinos, notablemente desde las últimas décadas.
La palabra a la cual nos referimos es “disciplina”.
Ésta es más que un simple sustantivo, o adjetivo, que caracteriza a una persona. Es una forma de vida, es el enfoque de los propios esfuerzos para conseguir un fin determinado. Si bien se puede reconocer que los argentinos fijan un objetivo y son capaces de lograrlo debido a su “disciplina”, lo logran debido a que son objetivos netamente personales. De aquí se pueden destacar dos aspectos: como nación no logramos establecer un fin en común, cada cual se preocupa por sí mismo, olvidando que debe pensar en toda una nación cuando realiza ciertas acciones, o más bien, todas. Estas acciones tienen una amplitud increíblemente extensa: desde no ensuciar la vía pública (o mejor todavía, limpiarla, realizando acciones como levantar papeles o botellas que dejan otros tiradas) hasta el mayor momento de participación ciudadana: el voto. Cuando se realiza esto muchos tienden a votar por tal candidato, porque éste tiene propuestas que benefician al sector en que se encuentran, pero se olvidan de ese candidato, si gana, representará a todos. En ese todos se debe pensar, no hay que votar al que más me beneficie personalmente, sino que hay que votar al que más beneficie a todos, a la Nación.
El otro aspecto se refiere al desafío de “enfocar los propios esfuerzos”. Éste es realmente un desafío, ya que ante la iniciativa de uno, siempre vamos a encontrar la voraz oposición de otro. En los últimos años no hubo propuesta que no estuviese consensuada al menos por una mayoría absoluta. Todas derivaron en interminables discusiones que pusieron al pueblo en situaciones de nerviosismo que derivan en más peleas y acusaciones, dividiendo aún más el país. Se debería acabar con esta nueva costumbre e intentar volver al consenso.
Volviendo a las raíces de la palabra que tratamos de definirnos, disciplina puede ser interpretada, etimológicamente, por aprender (discere). Es por esta raíz que se relaciona a veces disciplina con discípulo. De aquí tenemos otra forma de vida derivada de una misma palabra: vivir aprendiendo. Una Nación debe ser disciplinada, debe vivir aprendiendo a vivir consigo misma, con otras y sus miembros entre sí. Una nación y sus miembros deben aprender a amoldar su carácter y comportamiento para conseguir la prosperidad. Una nación no puede pretender ser “desarrollada” cuando no es disciplinada. Para llegar al pleno desarrollo, debe estar dispuesta a eso y a realizar grandes sacrificios.
Una tercera posible definición puede ser como la “sumisión casi ciega ante el liderazgo de un superior inepto”. Esta es una definición curiosa y completamente diferente a las que uno pudo haber visto. Esta refiere a que los subalternos deben obedecer en todo momento, sobre todo en los de excepción, a sus superiores, aunque los mismos subalternos consideren que su subalterno no esté calificado para dirigirlos. Pero se debe tener un margen suficiente para ser prudente y no obedecer en caso de que la decisión tomada sea totalmente opuesta a la prudencial, haciendo el intento de hacer entrar en razón al conductor que la dio. En este sentido, los estados de excepción, como también se acostumbran en las Fuerzas Armadas, primero se debe obedecer, y luego discutir. Esto es porque el tiempo de discusión necesaria es inexistente. Pero esta definición no solo la dedicamos a las FFAA, ni a los funcionarios estatales. Para lograr una sociedad ordenada, los simples ciudadanos también deben obedecer a las autoridades, porque éstas fueron nombradas por algún motivo específico, e indirectamente (como establecen teorías contractualistas) son legitimadas por nosotros mismos.
POR EAC